¡Quédate en tu casa!, te lo dice Nietzsche
Desde el IES Sierra de Aras lanzamos una propuesta a toda la comunidad educativa para tratar de aportar nuestro granito de arena durante estos días de confinamiento en casa y amenizarlos a través de textos, creaciones y recomendaciones positivas e interesantes.
Se trata de una iniciativa colaborativa en la que pedimos a profesorado, alumnado, familias, personal no docente y todo aquel que quiera que participe enviando su aportación al correo electrónico info@iessierradearas.es.
Nuestra intención es publicar en la web y redes sociales de nuestro instituto al menos una colaboración diaria.
Muchas gracias y anímate a participar.
El texto que compartimos a continuación nos lo envía D. Eustasio Moreno Rueda, Profesor de Filosofía del IES Sierra de Aras.
¡Quédate en tu casa!, te lo dice Nietzsche
Ha llegado el coronavirus y lo ha puesto todo patas arriba. Nuestras costumbres y hábitos, nuestras obligaciones, nuestra vida social y familiar, nuestros hobbies y nuestro ocio, nuestras fiestas locales y nacionales, todo, absolutamente todo, se ha dislocado en el tiempo que se tarda en pronunciar tres palabras: “estado de alarma”. La devastación es similar a la de una guerra, aunque los edificios sigan en pie y las carreteras estén libres de socavones.
En circunstancias como ésta, la Filosofía, y dentro de ella, la Ética, siempre ha sido un tablón para náufragos. Ni que decir tiene que éste no es el primer trauma colectivo de la humanidad. Es por eso que podemos echar la vista atrás en la búsqueda de las recetas éticas que ayudaron a diferentes sociedades cuando vinieron mal dadas. Quizás esas recetas nos puedan ayudar a superar este trance.
Así, por ejemplo, cuando el rey Filipo II, asistido por su jovencísimo hijo, Alejandro Magno, desmorona el estilo de vida de las ciudades-estado griegas, ser buen ciudadano ya no podía consistir en cumplir las leyes de la ciudad, porque las ciudades habían desaparecido y, con ellas, sus leyes. Surgen entonces dos corrientes éticas, epicureísmo y estoicismo, que ofrecen una salvación al alcance de cualquiera. Cuando el suelo sobre el que caminamos se desplome bajo nuestros pies, la felicidad no habrá de buscarse en el artificio de la vida pública, esa telaraña de vencedores y vencidos, sino en la tranquilidad del alma y en la imperturbabilidad del ánimo. Y esto se conseguirá a través de cosas tan “asequibles” como cultivar las relaciones humanas, llevar una dieta sencilla libre de excesos, aceptar nuestro destino con calma o refrenar la ambición de bienes materiales y gloria pública. Epicuro nos dice en esta vena:
- “¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia”.
El triple salto mortal que hacen estoicismo y epicureísmo tras el tsunami macedonio es proponer un modelo de autosuficiencia, una llamada a la autarquía para que la felicidad dependa de hilos que podemos manejar con nuestras manos. Todo un consuelo para una sociedad griega asustada y desorientada. ¿Nos pueden ser de utilidad estas éticas helenísticas? Evidentemente sí. Enriquecer nuestras relaciones personales, comer sano y tomarnos el inevitable confinamiento con calma no parece una mala fórmula para estos días.
Ya en el siglo V encontramos en San Agustín una propuesta que se prolongará durante toda la Edad Media: la felicidad no se consigue en la vida civil, es decir, entre los hombres, sino volviendo los ojos hacia nuestro interior, donde el filósofo de Hipona pretende que mora Dios.
Dejó líneas apasionadas como éstas:
- “No quieras derramarte fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad”.
- “Viajan los hombres por admirar las alturas de los montes, y las ingentes olas del mar, y las anchurosas corrientes de los ríos, y la inmensidad del océano, y el giro de los astros, y se olvidan de sí mismos […]”
Dadas las horas que pasamos con nosotros mismos en estos días de vida familiar o de soledad, tampoco parece mal consejo olvidarnos de la calle y sus bullicios para dedicarnos a cultivar el huerto de nuestra interioridad. Cultivad vuestro huerto interior y cuando todo se hunda alrededor siempre podréis meter la mano en vuestro pecho y sacar perlas y diamantes con los que jugar.
La oferta de modelos éticos es tan amplia que encontramos incluso llamadas al egoísmo personal, eso sí, en aras del beneficio colectivo. Bernard Mandeville defendió esta postura con la célebre sentencia “vicios privados, virtudes públicas”. Para entenderla basta tomar como ejemplo a un empresario. Su afán de enriquecimiento personal termina por generar puestos de trabajo, muy necesarios para la comunidad. Es indudable que las ambiciones privadas pueden redundar en beneficio público. También es, por lo tanto, el momento de dar alas a los ambiciosos, a los que en este río revuelto pretenden saciar aspiraciones materiales, o de cualquier otro tipo, ingeniando nuevas ideas y soluciones para conjurar los infinitos problemas que nos está creando el coronavirus.
De cualquiera de las teorías éticas esbozadas podemos extraer buenos consejos para gestionar nuestro presente incierto, pero si tuviera que elegir un filósofo “de cabecera” para esta crisis del coronavirus, ése sería Friedrich Nietzsche. Primero, porque es un filósofo que continuamente nos llama a la soledad, al recogimiento, al diálogo íntimo con nosotros mismos. Su filosofía es de puertas adentro, y en ésas estamos. Segundo, porque es el filósofo de la voluntad. Nadie como él ha insistido tanto en el potencial de la voluntad para conseguir aquello que nos propongamos. Y grandes dosis de voluntad es lo que parece faltarle a los miles de “impacientes” –por no utilizar palabras más gruesas- que no han sido capaces de respetar el confinamiento obligado -mientras escribo esto hay más de 102.000 denuncias por este motivo.
A lo primero que nos exhorta Nietzsche es a llevarnos bien con nosotros mismos:
- “Es vuestro mal amor a vosotros mismos lo que os trueca la soledad en prisión”.
- “Vosotros os apretujáis alrededor del prójimo y tenéis hermosas palabras para expresar ese vuestro apretujaros. Pero yo os digo: vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos”.
¿Cuántas veces buscamos a los demás -cuantos más mejor- para huir de nosotros mismos, para olvidarnos de nosotros mismos? Nietzsche nos llama a estar a solas con nosotros mismos, convencido de que es en soledad donde se destila lo mejor de nosotros. Así que ya sabéis, aprovechad estos días para reconciliaros con vosotros mismos, hablaros a vosotros mismos, exigiros a vosotros mismos y premiaros a vosotros mismos cuando lo merezcáis. Son días de soledad para muchos y mal empezamos el confinamiento si no estamos a gusto con nosotros mismos.
También podríamos en estos días desconectar un poquito de las redes sociales y dejar atrás esa manía compulsiva de conseguir likes a toda costa para subir nuestra autoestima. ¿Aprenderemos algún día a querernos y a valorarnos sin conceder tanto peso a la opinión de los demás? Nietzsche ya adivinó el fenómeno mucho antes de que existiera internet:
- “Invitáis a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros mismos; y una vez que lo habéis seducido a pensar bien de vosotros, también vosotros mismos pensáis bien de vosotros.”
El segundo aspecto por el que hemos traído a Nietzsche aquí es porque nadie como él para ayudar a fortalecer nuestra voluntad. Nadie como él ha insistido tanto en la necesidad de que nos tracemos una meta y no vacilemos hasta alcanzarla. De la voluntad habla con palabras de oro:
- “[…] Algo invulnerable, insepultable hay en mí, algo que hace saltar las rocas: se llama mi voluntad. Silenciosa e incambiada avanza a través de los años”.
- “¿Puedes prescribirte a ti mismo tu bien y tu mal y suspender tu voluntad por encima de ti como una ley? ¿Puedes ser juez para ti mismo y vengador de tu ley?”
Nos ha salido exigente este Nietzsche, ¿verdad? ¿Quién es capaz de ponerse a sí mismo unas reglas y cumplirlas siempre y bajo toda circunstancia como si en ello le fuera la vida? ¿Quién es capaz de autoimponerse una penitencia para eliminar la mácula en caso de incumplimiento?
Respecto a la necesidad de fijarnos metas, Nietzsche tiene claro que ellas son una guía para soportar cualquier adversidad:
- “Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier “cómo».
- “Si se quiere una meta, se han de querer los medios”.
¿Tenemos una meta en el horizonte inmediato? La respuesta es sí: tenemos la meta de eliminar la amenaza de este virus que nos tiene acorralados y acongojados. ¿Tenemos los medios? La respuesta también es sí: tenemos que quedarnos en nuestra casa.
Nietzsche abunda en el tema:
- “Un sí, un no, una meta”.
SÍ me quedo en casa, NO salgo a la calle, SALIMOS DE ESTA MUY PRONTO.
- “¿Cómo subir esa montaña? ¡Sube y no preguntes cómo!”
No te preguntes cómo puedes quedarte en casa tanto tiempo, quédate. ¡Quédate en tu casa, te lo dice Nietzsche!
