Catarsis
Desde el IES Sierra de Aras lanzamos una propuesta a toda la comunidad educativa para tratar de aportar nuestro granito de arena durante estos días de confinamiento en casa y amenizarlos a través de textos, creaciones y recomendaciones positivas e interesantes.
Se trata de una iniciativa colaborativa en la que pedimos a profesorado, alumnado, familias, personal no docente y todo aquel que quiera que participe enviando su aportación al correo electrónico info@iessierradearas.es.
Nuestra intención es publicar en la web y redes sociales de nuestro instituto al menos una colaboración diaria.
Muchas gracias y anímate a participar.
El texto que compartimos a continuación nos lo envía Dña. Mª Carmen Calero Serrano, Profesora de Latín y Griego del IES Sierra de Aras.
Catarsis
“Nada aducen, pues, quienes afirman que la vejez no se ocupa de los negocios, y estos tales se asemejan a los que afirmaran que el piloto nada hace en la navegación, ya que se le ve reposadamente sentado gobernando el timón, mientras se advierte el agitado movimiento de los que van y vienen por los corredores y los que achican aguas de la sentina. No realiza lo que los jóvenes, pero realiza una labor mayor y mejor. Las cosas de envergadura, las realmente importantes, las que exigen un sentido de responsabilidad, no se realizan con fuerza, velocidad o aceleración de los movimientos del cuerpo, sino con reflexión, autoridad y juicio; de estas cualidades no sólo no carece la vejez, sino que con ella se agigantan”
De senectute. Cicerón
En estos términos habla Catón a Escipión y Lelio en el citado tratado de Cicerón ¿Por qué comienzo con este texto? Es obvio, los datos de edades de personas fallecidas por la pandemia pertenecen al grupo del que habla Catón: entre setenta y noventa años. Y, de ahí, me surgió una pregunta: ¿ver que las edades son de ancianos es un alivio para mí?
Pues sí, me descubrí tan egoísta como para pensarme aliviada por no entrar en la horquilla de edad estigmatizada. Automáticamente me detuve y me dije que no podía quedarme ahí, que ese impulso, natural por otra parte, necesitaba de una reflexión seria. Y, dado que ahora sí tenemos tiempo (¡hasta para reflexionar!), hice parón y me decidí a compartir mis pensamientos.
Estos abuelos que ahora están siendo víctimas en primera línea de batallla, hace una semana eran de quienes se decía ser los pilares de muchas familias; recogían a los nietos de los colegios, los cuidaban mientras los padres trabajaban, o viajaban, o salían con amigos, y mantenían familias con muchos miembros en paro o cualquier otra situación de precariedad.
Pero eran aún más, eran el ejemplo humano de esta sociedad tan activista que ahora nos obliga a pararnos y a vernos más a nosotros mismos, a conocernos más a nosotros mismos. Eran los maestros, en el sentido griego de la palabra, didaskalos, “el que enseña lo bello”. Eran el motor de arranque en toda historia de amor de una familia, quienes nos enseñaban lo bello y la verdad del amor: DARNOS.
En este punto recordé a mi hijo que me sorprendió al decirme, estando mi padre, su abuelo, todavía en el tanatorio, que no tenía mucha pena porque al pensar en su abuelo sólo se le venían “buenos recuerdos”. Cuando pase todo esto y las familias, la sociedad, tengan la carencia de sus abuelos, ¿quiénes van a ser los didaskalos, los que sean forjadores de “buenos recuerdos”? ¿Quiénes van a asentar los vínculos de amor?
En Los hermanos Karamázov de Dostoievski, Aliosha dice a unos jóvenes: “sabed que no hay nada más noble, más fuerte, más sano y más útil que un buen recuerdo, sobre todo cuando es un recuerdo de infancia, del hogar paterno,… si conservamos uno solo, este único recuerdo puede ser algún día nuestra salvación”.
La reflexión de Catón cobra todo el sentido si la pensamos, a día de hoy, en este contexto. Los abuelos son ese vínculo que nos abre desde la infancia al amor, porque solo en el amor comprendemos la medida de nuestro ser, de nuestro auténtico destino.
