Viaje Sierra de Aras – Jornada 3

12805668_979091472156589_6555267791066319551_nEn la mesita de noche suena un teléfono. Servicio despertador, son las siete y media. En su bondad infinita don Aurelio nos ha concedido hoy treinta minutos más de sueño. Desayuno. Pantagruélico, por supuesto. Fuera nos sonríe por fin la mañana. Hoy Lisboa, la Ciudad de la Luz.
Para empezar O Cristo Rei, impresionante réplica del Corcovado de Río, construido por Francisco Franco de Souza con suscripción popular en agradecimiento del pueblo luso por la neutralidad del país durante la Segunda Guerra. Sobre 75 metros de pedestal mira a la ciudad un redentor de veintiocho. Los brazos en cruz; cada dedo, dos metros. Subimos a la base. A nuestros pies despierta Lisboa. Si miras su rostro, el lento discurrir de las nubes te hace creer que su enorme figura se te va a venir encima.
De allí a la Torre de Belem.
Quintaesencia del arte manuelino, sogas, esferas armilares, motivos animales y vegetales de tipo exótico y cruces templarias engalanan por doquier sus muros. Declararada patrimonio de la humanidad y maravilla de Portugal, fue construida con fines militares en la primera mitad del siglo XVI. Casi en la misma boca del Tajo, se emplazaba frente a otra gemela, la Torre de San Sebastián, hoy desaparecida. El fuego cruzado de ambas defendía a la ciudad de cualquier ataque por mar.
Caminando por la ribera llegamos al Monumento dos Descubridores. Aunque data del siglo XX, conmemora el quinto centenario del nacimiento del infante don Henrique, creador de la Escuela de Navegación e impulsor de la hegemonía comercial y colonial de la Portugal de la época. A modo de proa de nao en sus costados se representan todos los estamentos que contribuyeron a tamaña empresa, mientras al frente el propio infante otea soñador el horizonte.
Ahora al Monasterio de los Jerónimos. Volvemos al dieciséis. Mandado construir por Manuel I en agradecimiento por sus éxitos en ultramar, en su interior descansan además de los restos del propio monarca y su familia, los del gran Vasco da Gama, que abrió para Portugal la ruta de la India, y los de Camoes, autor de Os Lusíadas y padre de las letras lusas. A los arcos apuntados y bóvedas de nervadura del gótico se suman los tradicionales elementos ornamentales manuelinos. La espiritualidad se hace aquí piedra.
Y así se nos va la mañana. Nos tomamos el típico pastel de Belem acompañado de un café y ponemos rumbo al hotel para cumplir con el almuerzo (y dirán ustedes que es absurdo, pero así fue y así se lo contamos).
Con el último bocado nos vamos de nuevo a Lisboa. Una vez cruzado el puente, recorremos en autobús sus calles al tiempo que la guía nos hace un poco de historia. Parque Eduardo VII, Praça Marqués do Pombal, Avenida de Liberdade, Rua do Oro, Praça do Comercio, Rua da Plata. A un lado y a otro vamos dejando los elevadores de Eiffel, el barrio de Chiado, cuna del fado, y el de la Alfama, con el Castillo de San Jorge al fondo. Por fin nos bajamos en la Praça do Rossio. Desde allí a pie a la Iglesia de Santo Domingo, durante siglos la más grande de la ciudad. Sobrecoge ver en qué estado quedó tras el incendio de mediados del siglo XX. Paredes calcinadas e imágenes medio fundidas crean un clima lúgubre.
Luego a la catedral, joya arquitectónica del siglo XII. Santa María Maior es además el templo más antiguo de la ciudad y ha sobrevivido a varios terremotos.
Como no queremos abusar de nuestras huestes, llegados a este punto les concedemos un par de horas libres. Callejeo, compras, cervecitas y a su templo. Cena y tertulia. En los pasillos no se oye ni pío. El personal parece estar en brazos de Morfeo. Mañana más.

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Un comentario sobre “Viaje Sierra de Aras – Jornada 3”

  • el 01/03/2016 a las 4:09 am
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    Por fin, a la tercera ha sido la vencida y hoy os ha acompañado el tiempo.
    Mi enhorabuena por la información lo completa y detallada que dais a los padres

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