Viaje de estudios 4º ESO
Desde el lunes 24 al sábado 29 de abril de 2017, el alumnado de 4º ESO, acompañado por tres profesores (D. Rafael Reyes, Dña. Teresa Sánchez y Dña Beatriz Aranda) ha llevado a cabo su viaje de estudios en el cual ha recorrido Asturias y Cantabria.
A continuación, dejamos las crónicas diarias de dicho viaje, redactadas por D. Rafael Reyes, junto a algunas fotos, a modo de resumen de las actividades realizadas y los lugares visitados.
DÍA 1. LUNES 24 DE ABRIL.
Son las 00:00 en punto. Salimos. 55 alumnos y tres profesores, exultantes y ansiosos, rumbo a Asturias. Ya en el autobús chistes, cantos varios y alguna que otra gracieta, como bien manda el protocolo. Poco a poco van bajando de decibelios. Los va venciendo el sueño. En Almuradiel cambio de conductor, por aquello del tacómetro. A partir de aquí ya nos acompaña nuestro Juan Carlos, una garantía de é
xito. Trece horas de trayecto con sus paradas de reglamento. Cada dos o tres horas descanso, cambio de agua al canario y todo eso. Llegamos, por fin, casi a las una de la tarde. Sin incidencias, sin desperfectos. Ni un mareo. Cansados pero enteros entramos a un hotelito muy decente y coqueto. Reparto de habitaciones. Ha habido consenso, todo el mundo contento. Almuerzo en el buffet. Los hay que quieren probar de todo. Arroz a la cubana, alitas de pollo, patatas fritas, lomo adobado, merluza, ensalada, menestra de verduras, melocotón en almíbar, helado, yogurt, macedonia de frutas… A las cuatro, embuchados y casi sin tregua, nos recoge el autobús y nos ponemos en marcha de nuevo. Del tirón subimos a los Lagos, aprovechando que no hay niebla arriba. Pequeño trayecto a pie para ver el Enol y el Ercina. Fotos, muchas y muy bonitas, y de vuelta. Ya en la bajada paramos en Covadonga. Visitamos la basílica y la cueva, saludamos a don Rodrigo y ponemos rumbo a la cena. Otro rato de buffet. Todos comen con ganas. Y por fin, a la camita. El día ha sido largo e intenso. Estamos hechos unos vendos. Esta noche habrá poco pasilleo. Seguro. Todo tiene su lado bueno…
DÍA 2. MARTES 25 DE ABRIL
A las 7:30 suena un teléfono en las habitaciones. Servicio despertador. Nuestro querido jefe de estudios, tan amable como siempre, palmea de refuerzo las puertas de todo el mundo. Desayunamos en el buffet. Café, colacao, zumo, cereales, tostadas, galletas y bollería. Son pocos los que cogen una pieza de fruta… A las nueve en punto nos marchamos. Nos esperan en Arriondas nuestros amigos de Los Cauces, la empresa de multiaventuras con la que trabajamos siempre. Por cuestiones logísticas nos divididimos. Una mitad a la cueva de Pando, la otra a los barrancos del río Vallegón. Por la tarde, cambio de tercio. La experiencia espeleológica, que a priori parece una tontería, resulta ser luego una gesta de altura. Enfundados en un mono y con casco de minero, nos adentramos en la boca del lobo confiados y sin miedo. Profanamos la oscuridad de la cueva. Estalactitas, estalagmitas, columnas y coladas nos van saludando desde el silencio. Culeamos, nos arrastramos y a veces hasta nos contorsionamos. Alguno se me resbala. Risas y continuamos. Una hora larga de trayecto, amenizado con explicaciones en cada parada, y, embarrados pero contentos, salimos a ver las vacas. Fuera, la lluvia nos acicala. Lo del barranco, que es nuevo este año, todo un éxito. Ponerle el traje de neopreno a algunos fue la primera prueba sin duda. Después de eso tirarse por el cauce de un río rocoso ya se ve menos complejo. Toboganes de piedra, saltos a pozas, rapel por cortados escurridizos. Arneses, cuerdas y mosquetones nos salvan el pellejo. Hasta los más patosos te sorprenderían. Varios kilómetros de baños con desafío. Naturaleza en estado
puro. Como auténticos comandos llegamos ilesos al final del recorrido. Eufóricos y gritando otra, nos duchamos antes de volver a Cangas con agua muy calentita. Los macarrones con tomate de la cena tienen más seguidores que la suculenta fabada del almuerzo. Esta juventud, ¡qué gusto tan raro tiene…! Como en el hotel tienen un saloncito proponemos un rato de baile y de cachondeo. Mejor hacer el ruido juntos. Así no se me desmadra ninguno. No más de media hora les aguanta la pila a muchos. Los pobres están más que molidos. A la cama, muchachos, que esta noche vais a dormir del tirón. Seguro.
DÍA 3. MIÉRCOLES 26 DE ABRIL
A las 7:30 otra vez todos de punta. Desayuno y en marcha. Hoy los Picos de Europa y Liébana. Dos horas largas tiene esta bonita ruta. Llueve sin tregua. Al otro lado de la ventanilla la Asturias verde se hace estampa. Curva a curva, por una carretera estrecha y emboscada vamos dejando a un lado Arenas de Cabrales, Panes y el Desfiladero de la Hermida. Por fin desembarcamos. Llegamos a Fuente Dé en medio de una intensa nevada. Pacientes hacemos la interminable cola del teleférico. La experiencia no nos defrauda. Nos montamos en una cabina que pende a casi mil metros sobre un inmenso desfiladero, un abismo tan profundo como los que pintan en los cuentos de hadas. Medio en broma, medio en serio, para conjurar el miedo, cantamos a nuestra patrona. Mientras, el operario que nos acompaña nos mira con cara rara. Ya en el Mirador del Cable la visibilidad es mala. Los copos cerrados y un frío gélido todo nos lo empañan. Al fondo se intuyen las cumbres rotundas y completamente blancas. Fotos de grupo, guerra de bolas y a comer mandan. March
a atrás hasta Potes. Nos espera un cocido lebaniego, manjar de la cocina cántabra. Hasta arriba de fideos, garbanzos y pringada, nos marchamos al monasterio de Santo Toribio de Liébana, a por la indulgencia plenaria. Ya benditos por el ilustre santo, le decimos adiós para recorrer la pintoresca capital de la comarca. Compramos regalitos. Para mi madre, para mi abuela y para la pesada de mi hermana. Terminamos el día en Ribadesella, mirando cómo se marida el río con la mar cantábrica. Al hotel. Cena, ducha y un rato de travestismo. Hay fotos que lo avalan. Risas, muchas risas, y, llegada la hora, cada mochuelo a su cama.
DÍA 4. JUEVES 27 DE ABRIL
Como todas las mañanas nos levantamos tempranito. Desayunamos en un periquete y, sin perder el tiempo en pausas, comenzamos nuestro recorrido. De camino a Arriondas paramos en Cangas. Cae una fina lluvia mientras cruzamos a paso ligero el centro de tan renombrado sitio. Foto en el Puente Romano, santo y seña de esta pintoresca villa, primera capital del Principado. En media hora nos esperan en Los Cauces para bajar las aguas del Sella bogando con arte y brío. Cuando llegamos ha abierto el día, limpias y mansas bajan las aguas; todo parece perfecto y medido. Trajes de neopreno, escarpines y salvavidas, como en el descenso del barranco. Aleccionados en el manejo del remo, de dos en dos nos emparejamos. botamos las canoas y… ¡Qué Dios nos coja confesados! ¡Madre del amor hermoso! ¡Cuánto desatino! Cada uno boga a un ritmo. Unos no avanzan apenas, otros vagan sin rumbo. Algunos vuelcan la barca. A ver, señores, la derecha la del boli, la izquierda la del peluco, repasa el monitor enfadado, parando en una orilla al grupo. Luego de amonestados, algo mejora el conjunto. Poco a poco va cambiando el tiempo. Cuando enfilamos el último tramo nos cae el chaparrón del siglo. ¡Osú, qué frío! Ánimo, mis valientes, que ya somos lobos de río. Y así, ocho kilómetros más abajo, ponemos fin al periplo. Han sido dos horas largas de briega. La tropa viene rendida. Duchita caliente y al hotel a reponer fuerzas con el manduco.
Sin tiempo para la siesta salimos hacia Comillas. Otra siesta abortada, comienza a ser mala costumbre. Llegamos a nuestro destino y el chófer nos desembarca. Caminamos un poquito. Al fondo la Universidad Pontificia y el Palacio de Sobrellano nos miran con señorío. Entramos en el Capricho. Gaudí se hace asturiano por encargo de un indiano que volvía enriquecido. Tras los pasos de una guía vamos recorriendo la singular quinta, boquiabiertos y seducidos. Un crisol de materiales, formas y colores acicala esta maravilla, quintaesencia del Modernismo. Acabada la visita, tiempo libre para el vulgo. Los hay que se van de compras, los hay que meriendan chocolate con churros. De camino al hotel, en San Vicente de la Barquera, nos sorprende un ocaso inusitado y exquisito. Sobre el azul de la ría con un cárdena anaranjado el astro rey se despide. Llegamos justos a la cena. No hay tiempo para la sobremesa, pero la tarde lo ha merecido. No cabe la menor duda.
DÍA 5. VIERNES 28 DE ABRIL
Maldito despertador. No tenía que haberme acostado tan tarde…. Pasa factura el compadreo de anoche. Café, tostadas y zumo nos recomponen para una larga jornada. Después, camino de Oviedo, algo más de cien kilómetros de Cornisa Cantábrica. Vamos cruzando parroquias y concejos. Se multiplican el verde y las vacas. Inmensas cumbres al fondo, con sus ribetes de nieve blanca. Llegados al destino, embarcamos al que será nuestro guía que como Rodrigo se nos ha presentado. Capital del Principado, la ciudad cuenta con unos doscientos mil habitantes y es, además, el centro de un amplio cinturón metropolitano. Declarada varias veces ciudad más limpia de Europa, nos desconciertan los contrastes de su perfil urbano. Un ciclópeo y vanguardista Palacio de Congresos, conocido como El Calatrava, se encajona desafiante en medio del casco antiguo. Bajamos al Nuevo Carlos Tartiere, la modernidad hecha estadio, mientras nos sonríe al fondo Santa María del Naranco. Breve repaso a la historia del reino astur-leonés y a su legado. El Monasterio de San Vicente, la catedral de San Salvador y el Teatro Campoamor pasan por nuestro lado. Convertida por Clarín en Vetusta de amores prohibidos fue el escenario. La Regenta mal casada cede a los requiebros de don Álvaro, un galán trasnochado; desde el púlpito todo lo observa el Magistral, confesor de esta dama que de celos ha enfermado. Luego hablamos del padre Feijoo y de Jovellanos, dos ovetenses ilustrados. La explicación se ameniza con anécdotas de Letizia, Fernando Alonso y Melendi, paisanos también ilustres pero ya contemporáneos. Más de cien esculturas repartidas por las calles mientras van poco a poco desfilando. Tiempo libre para las compras; en la Plaza de Fontán
curioseamos por el mercado. Llegado el mediodía, almorzamos en un restaurante del centro. Macarrones con carne y tomate, filetitos a la plancha guarnecidos de patatas y macedonia en el postre. Para los mayores sidra, para los niños refresco de marca. El servicio extraordinario, la comida estupenda, el sitio muy bonito y muy preparado. Hemos hecho pleno. Por la tarde al balneario de Caldas. Piscina de agua fría, piscina de agua caliente, sauna y spa nos compensan de los rigores del multiaventuras. Luego una merienda pantagruélica y salimos de las termas. Desandamos el camino de esta mañana, aunque ya muy relajados. En hotel cena con la barriga todavía llena. Al dormitorio a hacer la maleta. Mañana muy tempranito salimos para Lucena.
DÍA 6. SÁBADO 29 DE ABRIL
A las siete toque de diana. Se acabó lo que se daba. Ultimamos la maleta. Desayuno y andando. En el hotel nos felicitan. Se han portado extraordinario. El año que viene, que repitan. Mientras Juan Carlos carga el equipaje, desganados nos vamos acomodando. Hacemos un último recuento. Arranca, que ya estamos. Adiós, Asturias, adiós. Catorce horas de carretera, las fieras, mansas, van dormitando. De
cuando en cuando parada, estiramos piernas y vamos al baño. El almuerzo en La Guardia con el trayecto ya mediado. Descabezamos una siestecita y el público se va impacientando. Maestro… ¿cuánto queda?
Un rato, niño, un rato. Al final se dan por vencidos y planchan la oreja de nuevo. Cerca de Córdoba empezamos ya con las despedidas, antes de que desembarquen doña Beatriz, Teresita y doña Teresa. Los profesores hacemos balance satisfechos y emocionados. Los chavales nos abren sus corazones micrófono en mano. Sobre las diez de la noche Lucena ya se avista. Los padres desbordan la acera para estrechar a sus polluelos. Cincuenta y cinco me llevé y cincuenta y cinco les traigo. Permítanme que me despida usando un nuevo lenguaje cifrado: «El fútbol, las flores…?!»

